A la parrilla

El asado de verduras y mi lucha por ser vegetariana

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Cuando oí por primera vez la expresión “asado de verduras” en la cumbia-rap de Sara Hebe, “Asado de Fa” se me ocurrió la grandiosa idea de dejar de comer carne (otra vez).

Bien, la realidad de muchos es la siguiente: intentar ser vegetarianos en Paraguay  resulta casi imposible. El asado se impone los domingos como religión, y aunque algunos digan que los dogmas se los prohíben, yo sé que se les retuercen las tripas cuando huelen el asadito en las calles.

Tomar esa drástica decisión, y cuando menos se espere ya se está picando una colita cuadril sobre la tabla de madera, con un poco de mandioca, un choricito por allá más el sorbo de la incondicional cerveza. Recuerdo claramente a Claudia, nutricionista de profesión, cuando llevaba invicta 3 años de vegetarianismo puro rompe la promesa con un bocado de asado en lo de sus suegros, a lo que le pregunto por qué había vuelto a comer carne, ella con la sinceridad de su alma me responde: “Porque tenía hambre”.

Un tiempo por cuestiones de la vida me tocó de cerca vivir un seudo-vegetarianismo, y la pasaba terrible en los asados llenando mi plato de ensaladas mixtas, verdes, rosadas, alemanas, rusas, el famoso de todo un poco… Pero la postura era inamovible: no iba a volver a la carne, no señora. Así que estilizaba la mejor sonrisa que podía, e intentaba deglutir lechugas y coliflores con cierta amargura.

De esos días ha pasado mucho tiempo, volví a las andanzas carnívoras haciéndome fanática del lomito con queso y la picaña al ajo. Pero cuando el fantasma del remordimiento hacia la vaquita apareció de vuelta, surgió una “opción” casi milagrosa: el morrón relleno. Pensando que sería mi nuevo escudo ante la tentación de la carne, me jugó sucio la buena intención: el chiste del morrón relleno es acompañar la carne, y sentir cómo se van fusionando los sabores, haciendo una fiesta dentro de tu paladar, se arma tal bullicio de carnaval en ese lapso de la primera degustación que haciendo una auto reflexión llegas a la conclusión, digna de las revelaciones divinas: no puedo dejar el asado.

O sea, se puede nadie discute, pero… Convengamos, el asado es la mejor excusa de reunión entre los perros, cualquier cantidad de reconciliaciones, cumpleaños, asados de ingresantes; cuántas parejas se formaron en torno a dicho acontecimiento, el famoso: “le conocí en un asado de mi amigo…”.

Igual, convertite en la curiosidad exótica de tus asados con el morrón relleno a la parrilla cuyos ingredientes consisten en: morrones (una onda locote) y todo lo que le quieras meter adentro, llámese queso, huevo, especias, verduritas picadas, etc. Dejas sobre la parrilla un tiempo considerable y después lo juntas con un buen trozo de vacío para que te digan: Jaaala! Y tu status de asadero culinario trascienda todos los límites terrenales.

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About the author

Laura Rodas

Estudiante de artes, amante de la costilla y de la morcilla con mandioca. Me sale bien poner música en los asados.

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